Un ejército de centauros se concentró a las nueve de la mañana frente a la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Más de 400 empleados de una empresa alemana llegaron el jueves por la noche a Valencia en un viaje de incentivos y ayer se dieron un buen garbeo en bicicleta por la ciudad. Eran tantos que agotaron las existencias de bicis de alquiler en Valencia.
«No debe haber más de 500 en toda la ciudad y se han llevado 420», informa Alberto Laurín, de Do You Bike. Y no es normal que un mismo evento acapare el stock completo. «Es algo excepcional, algo que sucede una vez cada dos o tres años», advierte. La empresa teutona, además, quería que estuvieran todas a las nueve, ayer por la mañana, en el río. Y allí estuvieron. En grupos de 80 o 90 en cada recodo de un camino de tierra que discurre en paralelo al viejo cauce.
Este ‘capricho’ obligó a las empresas de alquiler a darse un buen madrugón. José Ferri, gerente de Valencia Bikes, coordinó un operativo algo complejo. A las cinco de la madrugada estaban todos en marcha. Y todos son las 30 personas que participaron en el transporte y puesta a punto del material encargado. Primero acarrearon las bicis hasta los camiones, las llevaron hasta el río y luego varios mecánicos las revisaron para que estuvieran en perfecto estado cuando llegaran los empleados que habían superado los objetivos de 2011.
«Es una compañía alemana que no quiere publicidad y que nos ha prohibido dar su nombre», comenta Ferri. Al parecer, los premiados por la empresa llegaron en barco el jueves por la noche a Valencia. Y tendrán las bicis en las que se montaron ayer, divididas en grupos de colores, hasta este mediodía.
Las empresas han recibido al poderoso cliente alemán con los brazos abiertos. «La verdad es que una operación así nos viene muy bien», explica Alberto Laurín, «pero puestos a pedir es mejor tener cuatro días seguidos con 80 bicicletas alquiladas que uno con 400. Hemos tenido que tener trabajando a un auténtico batallón de mecánicos para que no hubiera ningún fallo». No piensa muy diferente José Ferri. «Un encargo así requiere una logística bastante grande».
Y a las nueve de la mañana comenzaron a aparecer por el río gruesos grupos de turistas rubios que se encaminaban hacia el punto donde estaban las 420 bicicletas. Llegaban sonrientes, dispuestos a disfrutar de un agradable paseo a golpe de pedal por los rincones más atractivos de la ciudad. Primero bajaron al viejo cauce y, una vez acomodados en el sillín, se marcharon por el carril bici en dirección al centro de Valencia.
La sorpresa se la debieron llevar aquellos que ayer pensaron en alquilar una bicicleta para circular por la ciudad. En las principales casas de alquiler no quedaba ni una. El único remanente eran aquellas sueltas, en pequeñas unidades, que poseen las tiendas especializadas para ofrecer un pequeño servicio si se da el caso. Mientras, los centauros, los más avispados de su empresa, pedaleaban de aquí para allá.
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